Friday, November 08, 2013

educación diferenciada

Hace unos días el ministro Wert declaraba que pretende proteger las subvenciones a los colegios que segregan por sexos después de que el tribunal supremo declarara inconstitucional esta práctica de apoyar con dinero público la educación discriminatoria por razón de sexo. OJITO a dónde llevan nuestro dinero de nuestros impuestos, y OJITO a quién votamos cuando nos llaman a votar porque lo que se está cociendo hay que conocerlo, sobremanera si se trata de educación de menores. Lo que nos venden como una gran ventaja (este tipo de colegios apenas tiene fracaso escolar… oh sí, lo mismo que todos los alumnos de colegios privados aprueban la PAU..? lo que no dicen es que aquellos que no están en condiciones de aprobar ni siquiera son inscritos en la prueba…) puede encerrar una realidad mucho más compleja y controvertida.
El dimorfismo cerebral se está usando en algunos países (Reino Unido, Canadá, Australia) como base para introducir y justificar la educación diferenciada por sexos en el sistema público. Se sostiene que los cambios hormonales y la distinta configuración cerebral están directamente asociados con previsibles cambios en las funciones cognitivas. Lo que estimula a los niños no estimula a las niñas y viceversa, por eso se trata de ir por distintos caminos, para llegar a la misma meta. Mediante la segregación por sexos en la escuela se trata de obtener un mejor rendimiento académico en general, prevenir el fracaso y abandono escolar (que según las cifras en España es mayoritariamente masculino), fomentar las potencialidades de una manera más personalizada, atender a romper los estereotipos de género de forma más específica…
Lo que en principio tiene un sentido, y una incipiente base científica, empieza a hacer aguas cuando lo aplicamos al caso español. Resulta que aquí un determinado sector de la sociedad se adueña de este discurso y lo usa como justificación de su propia visión tradicional y arcaica de cómo tiene que ser la educación en la escuela (tanto pública como privada). He tomado como referencia la “Guía para una educación diferenciada”, ToroMítico, 2009, de María Calvo Charro), a donde pertenecen todas las citas que recojo aquí. Según este sector, los objetivos principales de la educación diferenciada son: la excelencia académica, el desarrollo equilibrado de la sexualidad y la correcta socialización, abrir nuevos horizontes y romper estereotipos. No se mencionan conceptos como la convivencia y apreciación de la diversidad, el desarrollo de capacidades comunicativas, de negociación, de relación, la autonomía, la colaboración… o si se mencionan, quedan supeditados al rendimiento académico como fin último, el cual (suponemos, ya que no se especifica) consiste en la la asimilación de unos contenidos en cada asignatura. Lo curioso es que se pretende defender la separación niños/niñas como sesgo básico y universal para mejorar el rendimiento académico, sin atender a otros criterios de personalización (¿dónde quedan los problemas individuales de aprendizaje, la proveniencia, el ambiente familiar…?). El criterio sexo (nunca se habla de género) es suficientemente uniformador. Se pretende que los niños rompan los estereotipos sobre las niñas y viceversa impidiendo la convivencia escolar durante toda la infancia y adolescencia, “para evitar las tensiones derivadas de la incapacidad de comprender al sexo opuesto”, fomentando así el desconocimiento entre los sexos. ¿No es un contrasentido? ¿Segregar para evitar formarse en estereotipos sobre el otro? Esto no importa, ya que lo único importante en las escuelas son los contenidos académicos. “Los niños y niñas que comparten aula están más pendientes de agradar al sexo contrario que de uno mismo”. Así pues, mejor separarlos, y que intenten agradar solo en horas extraescolares. Se pretende que su sexualidad quede suspendida en el aire hasta el momento en el que “más tarde, con la personalidad ya definida, ambos sexos se puedan relacionar equilibradamente, sin problemas, sin prejuicios, sin prisa” (sic). El objetivo de romper estereotipos es asimismo muy loable y útil “para una igualdad de oportunidades real; más chicos en letras y más chicas en técnicas, más chicos en actividades solidarias y más chicas en deportes competitivos como el fútbol”. Pero no es en la fijación de estos objetivos donde el sector pro-diferencia se pone a sí mismo en entredicho, sino en las estrategias para alcanzarlos. Más bien parece que en lugar de romper estereotipos, la escuela se valga de mecanismos para fomentarlos, de forma que niños y niñas estén “cómodos” en el aula y presten atención a lo que la tienen que prestar, que es la materia. Es en estas propuestas de estrategias docentes donde sale a relucir todo su rancio plumero, y donde queda en evidencia, por mucho que defiendan lo contrario, que su ideal educación diferenciada tiene más posibilidades de producir competitivos señores aspirantes al éxito en sus negocios, y elegantes señoritas bien vestidas cooperantes en caridad, que personas de mente abierta y des-tereotipadas.
Veamos algunas de estas estrategias. Para esto os propondré un reto. Voy a intercalar consejos sacados de esta guía de 2009 con indicaciones tomadas de la Enciclopedia Álvarez, edición niñas, que usaba mi madre en su escuela allá por los cincuenta. Intentad diferenciarlas. Allá vamos:
"La materia puede y debe ser la misma -la historia, por ejemplo- pero la forma de explicarla (llena de datos objetivos y subjetivos) puede ayudar mucho en la eficacia de la explicación y su posterior estudio. Si llenamos la explicación de datos personales de los personajes históricos, así como de anécdotas íntimas, será más fácil, divertido y agradable el estudio de la asignatura para las niñas. Si colmamos la explicación de hechos concretos (cifras de caídos en las batallas, número de tanques utilizados, kilómetros recorridos por las tropas) los niños retendrán con mayor facilidad y gusto la materia”
Además de denotar un absoluto desconocimiento sobre qué es la historia y cómo se hace historia, nuestra guía experta en educación diferenciada no parece estar inquieta por incidir en el gusto por los cotilleos para ellas y la historia como relato bélico para ellos. Esto no sólo no reforzará sus querencias estereotípicas sino que como docentes conseguiremos captar su atención y la clase irá como la seda.
“Por ejemplo, en matemáticas los chicos preferirán el número de metros que debe tener la cuerda para saltar el abismo lleno de horribles cocodrilos, mientras que a las niñas les gustará más calcular el número de centilitros de antibiótico necesarios para salvar la vida de un bebé”
Aquí nuestros contenedores de testosterona y adrenalina encontrarán un reclamo ineludible para hacer sus sumas, mientras que ellas podrán dar rienda suelta a su ternura maternal que seguro les servirá como acicate para medir y sumar. Sin meterme en la veracidad de esos estudios que  afirman cuánto pueden influir las hormonas en infantes aún sin desarrollar (al parecer, el cerebro recibe tres baños hormonales a lo largo del desarrollo, el primero y más definitorio durante la etapa fetal, el segundo a los 2-3 años, para después pasar una infancia tranquila hasta la pubertad. ¿Tan diferentes son los sexos durante la infancia? ¿Hay realmente estudios serios para afirmar tan tranquilamente un determinismo tan esencialista? ¿la educación no tiene margen para cambiar nada de la violencia testosterónica y la ternura progesterónica?
“Con la lectura sucede exactamente igual, las niñas prefieren leer libros sobre relaciones humanas (...) llenas de sentimientos, inquietudes y alegrías (...) Permitir a los muchachos detenerse en lecturas adaptadas a sus gustos varoniles "Por quién doblan las campanas", "El último cruzado" no supone necesariamente reforzar los estereotipos, sino que por el contrario consigue hacer nacer en los chicos el gusto por la literatura de manera que cuando vayan madurando ellos solos se decantarán hacia un universo literario más amplio en el que se incluya la poesía, las relaciones humanas y personales profundas y el juego infinito de los sentimientos".
Es decir, que los audaces lectores de Indiana Jones, en el mágico momento de la madurez (según la autora esta llega sobre los 18 años a los varones, es decir, cuando ya estén fuera de la educación obligatoria) ampliarán inquietudes hacia Miguel Hernández de manera autónoma y espontánea e irán en metro a la universidad politécnica leyendo a Wordsworth de motu propio.
“Dentro de las estrategias para una educación personalizada a niñas y niños, la profesora debe llamar a la niña por su nombre de pila. Es bueno que el profesor rete a los niños, por ejemplo colocándose delante de ellos y preguntando: ¿Qué opina de esto, señor García? Lejos de sentirse intimidados, les resultará excitante y les mantendrá en positiva tensión. Es importante no obligar a los chicos a expresar sus emociones si no están dispuestos a ello. A partir de cierta edad, ser llamados de usted o por el apellido les gusta, pues les involucra en el mundo de los adultos al que desean pertenecer lo antes posible”
(Las niñas no. Las niñas pueden lícitamente desear permanecer en el mundo infantil incluso ya cuando sean mujeres.)
“Para las niñas, hay que humanizar las matemáticas por medio de metáforas. Las matemáticas están relacionadas con la música (el ritmo), la poesía (la métrica), la cocina (mediciones)… Es importante presentar la ciencia y la ingeniería de un modo más social y humano, en el que las chicas se sientan más atraídas. Por ejemplo, argumentando que si realmente se preocupan por el medio ambiente puede salvar vidas y si está interesada por la salud podría diseñar una incubadora capaz de salvar la vida de un niño. Para esto, harían falta conocimientos científicos de alto grado. Animar a las alumnas a desmontar y volver a montar máquinas de uso variado. Más comunes al principio y más sofisticadas después (enchufes, planchas, teléfonos). Esta actividad les ayudará a percatarse de que la técnica tiene una aplicación práctica en la realidad.”
Es decir, que atraemos a las chicas hacia la tecnología mediante los aparatos que sirven a sus más instintivas necesidades relacionales: planchar la ropa que se pondrán, abrir el teléfono del que pasarán horas enganchadas (según la misma autora afirma). Los intereses femeninos, el cuidado, el aspecto personal, las relaciones, tienen, cómo no, cabida dentro de la ciencia, y en lugar de verlo como un obstáculo, estos mismos gustos supuestamente universales para todas las féminas son los que nos ayudarán a crear científicas e inventoras:
“Las adolescentes están centradas en sí mismas, en su propio cuerpo. Explicar física aplicándola a su propio ser puede ser interesante (las lentes-los ojos, por ejemplo medicinas y enfermedades, la composición de productos cosméticos –recientemente se ha descubierto que ciertos pintalabios contenían plomo, que es muy cancerígeno).”
Saber que el pintalabios que uso puede ser cancerígeno sin duda atrae mi atención a convertirme en un futuro próximo en una reputada ingeniera química.
“La competición es un elemento esencial para los varones. Padres y docentes deben ser capaces de gestionar correctamente esas ansias que tienen los niños por la competición, transformar la combatividad en una competitividad sana y enriquecedora”. Para ellos se proponen competiciones por puntos entre clases, entre grupos y hasta entre individuos. Al mismo tiempo, para fomentar la colaboración se proponen realizaciones de trabajos en grupo, con reglas claramente definidas de igualdad entre pares, de respeto por las opiniones ajenas y de turnos para exponer las propias. ¿No es esto un tanto esquizofrénico?
“Los profesores y padres deberán favorecer con su ejemplo el respeto hacia el sexo opuesto, huyendo de estereotipos y actitudes machistas, pero fomentando y aplicando las reglas de cortesía hacia las damas (ceder el asiento, abrir la puerta, etc) hoy prácticamente en desuso, pero que son fundamentales en una relación respetuosa entre los sexos. Cualquier niño “quiere hacerse un hombre”. La crisis de identidad masculina es uno de los problemas más graves de la sociedad actual, que pone demasiado énfasis en el “estilo femenino” de sentir y actuar, devaluando, ignorando e incluso despreciando la masculinidad. En relación con la violencia, conviene tener en cuenta que los muchachos utilizan el contacto físico y las actividades que implican cierto nivel de agresividad para jugar y establecer sus jerarquías de grupo, lo cual es positivo en el universo masculino y no debe prohibirse radicalmente, aunque sí explicar hasta dónde pueden o no pueden llegar”
Y hasta aquí mis citas, y hasta aquí el reto. Si habéis conseguido leer hasta este punto, felicidades. Tanto si eres hombre como mujer, acabas de hacer un gran esfuerzo al cual llegaste sin haberte visto motivado por cocodrilos hambrientos ni bebés moribundos. Probablemente hayas estudiado en una escuela pública mixta, y hayas pasado más tiempo enviando notitas al sexo opuesto que haciendo tus deberes de lengua, pero aún así te has tomado la molestia de ir anotando tus ideas respecto al reto… Pues bien, llegados a este punto tengo que darte una sorpresa. Mira todas las anotaciones que asignaste a la Enciclopedia Álvarez… Error. Todo, absolutamente todo lo aquí recogido pertenece a la guía 2009, elaborada por una profesora titular de la Universidad Carlos III… doctorada en… ¡derecho administrativo!
La educación, en manos de especialistas en… cualquier otra cosa menos educación. Y así va este país.